La noche se había vuelto a colar en su casa de modo subrepticio. Y aquel bicho negro que le había mordido el corazón el dia anterior y toda la mañana volvió a darle un bocado. Ñac. Sintió la congoja apoderándose de todo, un ente amenazador escondido tras las puertas, algo sobrehumano distorsionando su percepción del mundo, una mano misteriosa agarrándole el corazón, una esponja en la cara que le robaba el aire.
Estaba sola, como siempre. Pensó esto y sorprendentemente le entraron ganas de fumar, quizá para sentir la compañía de un cigarro, el humo rompiendo la quietud de los muebles, el calor de la pequeña brasa. Se sintió un poquito más sola todavía y le pareció que su vida era un hueco en el espacio, dentro y fuera de sí. Tal vez por eso se le metían tantos bichos dentro. Claro. Antes, antes de que todo empezara a cambiar, era alguien lleno de nada. Y la nada debe de ser algo, porque bien que tiene nombre y no deja sitio a otras cosas. Ahora sólo sabía que tenía un hueco dentro. ¿Un hueco lleno de qué? ¿De nada? No, de nada no. Lleno de algo que no tiene nombre y que huele a soledad. (Ana Manrique)

La noche se había vuelto a colar en su casa de modo subrepticio. Y aquel bicho negro que le había mordido el corazón el dia anterior y toda la mañana volvió a darle un bocado. Ñac. Sintió la congoja apoderándose de todo, un ente amenazador escondido tras las puertas, algo sobrehumano distorsionando su percepción del mundo, una mano misteriosa agarrándole el corazón, una esponja en la cara que le robaba el aire.

Estaba sola, como siempre. Pensó esto y sorprendentemente le entraron ganas de fumar, quizá para sentir la compañía de un cigarro, el humo rompiendo la quietud de los muebles, el calor de la pequeña brasa. Se sintió un poquito más sola todavía y le pareció que su vida era un hueco en el espacio, dentro y fuera de sí. Tal vez por eso se le metían tantos bichos dentro. Claro. Antes, antes de que todo empezara a cambiar, era alguien lleno de nada. Y la nada debe de ser algo, porque bien que tiene nombre y no deja sitio a otras cosas. Ahora sólo sabía que tenía un hueco dentro. ¿Un hueco lleno de qué? ¿De nada? No, de nada no. Lleno de algo que no tiene nombre y que huele a soledad. (Ana Manrique)